Sostenibilidad y felicidad ¿Cuál es la relación?

Cuando hablamos de sostenibilidad, hablamos de cuidar el ambiente, de proteger especies en peligro, de alcanzar la igualdad de género y una verdadera integración social, de asegurar que generaciones futuras tengan un planeta próspero. Pero de lo que no escuchamos mucho es del vínculo esencial que tiene la sostenibilidad con la felicidad.

No estamos diciendo nada nuevo y no estamos hablando de conceptos “hippies”: la felicidad está en la agenda, siendo un tema que preocupa a estados, organizaciones internacionales y academia. Inclusive existe un índice internacional, comisionado por las Naciones Unidas, que mide la prosperidad de los países en función a la felicidad de sus ciudadanos.

Este es un tema que nos preocupa a todos, consiente o inconscientemente. Al final, vivimos todos los días para encontrar la felicidad, tenga la forma que tenga. La cuestión es que nuestra felicidad no debe nunca contrarrestar la felicidad del vecino, ni de quien vive a miles de kilómetros de nosotros y tiene creencias y valores distintos a los nuestros. Es ahí donde felicidad y sostenibilidad se encuentran.

Tenemos que ver la sostenibilidad no como algo que nos limita, si no como algo que nos ayuda a abrir los ojos y ver que la forma en que muchas veces actuamos, lo que consumimos, y la manera en que lo hacemos, puede mermar la felicidad de otros. Es justamente en nuestro rol de consumidores (además de lo que compramos, somos consumidores de información, de ideas políticas, de servicios públicos y privados) donde tenemos un vínculo muy cercano con la sostenibilidad, pero también, es ejerciendo ese rol, donde más poder tenemos.

Somos poderosos porque tenemos acceso a información y por nuestra capacidad de decisión: somos libres de decidir qué consumimos y qué no. Si sabemos que un determinado producto o servicio que adquirimos impide que otra persona alcance la felicidad (ya sea porque su producción daña su entorno, porque las condiciones laborales violentan los derechos humanos, y/o porque la empresa hace caso omiso de sus obligaciones como empleador) ¿debemos seguir consumiéndolo?

Para que un país se desarrolle de manera sostenible, no hace falta únicamente desarrollo económico (visto como más producción y más consumo) sino una verdadera igualdad de oportunidades, con producción y consumo responsables, que nos permita a todos poder alcanzar la felicidad, que nos permita desarrollar nuestro potencial como ciudadanos.

Está en cada uno de nosotros ser curiosos y críticos para informarnos de dónde viene lo que consumimos, cómo se hace, quién lo hace y en qué condiciones, y qué impacto tiene en el ambiente. Con ese tipo de información ya podemos decidir si queremos, o no, apoyar a las empresas, organizaciones y personas que ofrecen lo que nosotros consumimos. Debemos tener grabado que el fin último del desarrollo sostenible es la felicidad, pero la felicidad de todos, hoy y mañana.

Por Carolina Jean-Mairet, Directora de Comunicaciones, Perú 2021.