Shinise para todos

En Japón hay más de 20.000 empresas con más de 100 años de antigüedad y un puñado que incluso tiene más de 1000 años (Agencia de calificación Shoko Research). A estas organizaciones longevas se les dice Shinise. Pero ¿cuál es el secreto? Las empresas japonesas han podido sobrevivir durante tanto tiempo porque buscan que su éxito no esté vinculado exclusivamente a obtener beneficios económicos, sino más bien a su compromiso, a sus valores y, sobre todo, a su contribución en la sociedad.

Esto que los japoneses han puesto como los pilares de sus organizaciones hace años, es lo que está redefiniendo el valor de la empresa hoy. El mercado ya no está evaluando a las empresas solamente en términos de desempeño económico, sino también desde su desempeño social y ambiental: el famoso triple bottom line.

Esto se traduce a que ya no podemos generar beneficios económicos a cualquier costo, tenemos que asumir que todo lo que producimos y consumimos tiene un impacto positivo o negativo en nuestro entorno y en la empresa en sí. Pero ¿cuán conscientes somos de estos impactos y qué hacemos al respecto?

Desde la visión de la Responsabilidad Social la empresa debe responder de alguna manera a los impactos e intereses en la sociedad. De esta manera, vemos que las empresas han ido incorporando criterios ambientales y sociales en su gestión para asumir compromisos y responder a los grupos de interés. Estamos entonces ante un ping pong de diálogo y respuesta.

¿Pero cuán estratégico es esto para la empresa? ¿Realmente estamos incorporando los criterios ambientales y sociales de manera que beneficien nuestro crecimiento, nuestra permanencia, nuestro shinise? Es aquí donde encontramos la diferencia entre responsabilidad social y sostenibilidad. En general creemos que la responsabilidad social contribuye a la sostenibilidad, a la permanencia, en su sentido más amplio. Sin embargo, desde la responsabilidad social nos enfocamos en las consecuencias más que en el poder que tienen las empresas para contribuir a la sociedad. Esto nos lleva a tener en general una agenda marcada por acciones y tácticas no siempre conectadas con la razón de ser del negocio, con las prioridades del sector y con su estrategia. Es algo reactivo, más que proactivo y estratégico.

Si hemos establecido que toda empresa tiene impactos positivos y negativos y un compromiso con los grupos de interés, ¿cómo hacemos para que este sea estratégico y se alinee al core del negocio creando valor para la empresa? Es ahí donde entra el concepto real de sostenibilidad. Las empresas no son entes aislados y los desafíos que presenta nuestro mundo requieren soluciones en las que han de colaborar diferentes actores. Entonces veamos el vínculo entre la permanencia en el tiempo de una empresa y su contribución a la sostenibilidad del sistema, del entorno. De esto se trata la sostenibilidad: las empresas prosperan si y solo si prospera su entorno.

En este sentido necesitamos tener una mirada sistémica y plantearnos si las modalidades de producción y consumo actuales nos van a llevar a construir esos entornos sólidos y prósperos para desarrollarnos. Ante este desafío la empresa debe transformar su rol tradicional de ser un actor que solo genera ingresos y empleo para para reconocer su potencial de impactar de manera positiva en el sistema y anclar este propósito al ADN del negocio. La capacidad de innovar, evolucionar, enfrentar los cambios y buscar nuevas oportunidades está en la esencia de las empresas.

Naturalmente, esto también involucra nuestra relación con los grupos de interés. Ya no podemos pensar en un modelo que crea valor para sus grupos de interés sino un modelo que crea valor con ellos. Se crea valor para la empresa mientras se crea valor en la sociedad, este es el verdadero win-win. Creo que debemos pasar de este modelo del compromiso reactivo a un modelo estratégico en el que cada una de nuestras decisiones incorpore el triple bottom line.

Asumamos el desafío de producir y consumir hoy de modo que podamos seguir haciéndolo en el futuro. La recompensa vale la pena: permanecer y contribuir a la permanencia.

Shinise para todos.

Por Inés Ciancaglini, Directora de Conocimiento para la Acción, Perú 2021